Neuroeducación Archives - Yezid Parra C. -DespiertaNET-

Y sin pensar, una mañana al despertar, el universo nos recuerda que cuando así lo quiere, puede poner todo en equilibrio; que incluso, ante todo el poder militar y tecnológico de la humanidad, nos hace ver frágiles e indefensos; y nos muestra que las cosas más simples pueden desaparecer en un abrir y cerrar de ojos.

Hoy debemos ser conscientes de que en estos tiempos inesperados, en los que reinan el desequilibrio natural, los graves problemas ambientales, el exceso de reuniones de las grandes potencias sobre el cambio climático sin un objetivo o una muestra clara de cambio, las guerras absurdas (¿qué guerra no lo es?) y las noticias sobre eventos naturales, leves o graves, como temblores, huracanes, maremotos, inundaciones, sequías o incendios… así, de repente, y sin previo aviso, aparece un diminuto ser que obliga a la humanidad a aislarse progresivamente: primero uno, luego dos, docenas, miles, millones… y la cifra crece y crece. Y en medio de su desespero, los gobiernos ordenan cerrar instituciones académicas, parques de diversiones, cines, centros comerciales; luego ciudades, países e incluso, tal vez, continentes y no sabemos qué más…

Todos sabemos que la economía está colapsando y que luego vendrá la crisis. Presentimos lo que este desastre monetario le hará a esta sociedad, basada en el consumismo, en el lujo, en los estereotipos y en los modelos sociales capitalistas; una sociedad en la que corremos 18 horas al día persiguiendo los sueños de alguien más y muy poco detrás de los nuestros. Lo sabemos y estamos expectantes, con ilusión y temor a la vez. Sin embargo, ignoramos qué pasará más adelante y qué esfuerzos tendremos que hacer. Pero de algo sí estoy seguro: de las grandes crisis, siempre, siempre, nacen las grandes ideas. Entonces, cuando finalice esta situación, una nueva humanidad renacerá.

Pero no todo es malo. Las medidas que hoy paralizan progresivamente al mundo también le están dando un respiro a la naturaleza, que empieza a mostrar una mejor cara: los índices de contaminación disminuyen notablemente, respiramos una mejor calidad de aire. Y en las noches, en las grandes ciudades, volvemos a disfrutar del maravilloso brillo de las estrellas.

La Tierra se está ‘descontaminando de la humanidad’. Ahora mismo podemos ver, e incluso descubrir, que existe vida donde antes era oscuridad, los peces volvieron a nadar por los canales de la mítica Venecia (Italia), en el cielo hay nubes blancas donde antes había una inmensa bruma negra y las fotos satelitales de la NASA nos muestran un planeta vivo. Ese pequeño ser que no sabe discriminar, que no tiene prejuicios ni fobias, nos recuerda que sin importar raza, condición económica, ideología política ni mucho menos género, somos humanos frágiles, sin ninguna condición.

Este pequeño ser nos obligó a parar, a hacer una pausa forzada, sin planear, sin dinero para vacacionar o sin recuerdos de verano para presumir. Este pequeño ser nos tiene aislados en casa, mirando el reloj continuamente y contando los minutos, y de manera increíble nos obligó a recuperar el valor del tiempo. No solo eso: nos llevó a cuestionarnos si realmente sabemos utilizar ese tiempo sin un fin específico, pues estamos acostumbrados a medirlo bajo parámetros de dinero u otro tipo de retribución.

En una época en la que como padres delegamos la crianza de nuestros hijos a las instituciones educativas, llevados por el afán de cumplir con los modelos sociales, y donde tanto padres como madres “tienen” que trabajar, este pequeño ser obliga a cerrar los colegios, y sin darnos espera nos lleva a compartir con nuestros hijos todo el tiempo, a poner a papá y a mamá junto a sus hijos (un lugar que nunca debimos dejar). Este pequeño ser nos fuerza a ser nuevamente una familia. ¡Qué gran oportunidad para retomar nuestro papel de primeros educadores, para compartir, jugar, conversar y disfrutar en familia!

Estábamos tan acostumbrados a la falsa proximidad que nos brindan las tecnologías y las redes sociales, que habíamos perdido el valor de la verdadera proximidad, la real, la que nos permite ver y sentir al mismo tiempo… Sin embargo, y así de la nada, este pequeño ser también nos arrebató el derecho a tocarnos, abrazarnos, besarnos… Hoy debemos vivir distanciados, no podemos compartir nuestras vidas con la sociedad, experimentando la frialdad real que solo imaginábamos al comunicarnos a través de alguna de las tecnologías momentáneas que día a día usábamos sin meditar.

Hoy, este pequeño ser nos aterrizó de un solo golpe, hizo que bajáramos de nuestro pedestal individual, que el egoísmo propio ya no funcione, que la única alternativa sea volver a trabajar en equipo, que pensemos primero en el otro para protegernos a nosotros mismos, que recuperemos el pensamiento y pertenencia colectiva para podernos ayudar como una sola humanidad.  

Un pequeño ser nos está enseñando que si queremos salir adelante, solo lo lograremos empujando todos para un mismo lado.

Una mirada a los padres desde las vivencias de una adolescente de 15 años.

Simples juegos como escondidas, hacer chistes, ir a su colegio, son aquellas cosas que buscan los niños en sus padres.

En la sociedad actual la falta de atención de los padres hacia sus hijos, conlleva a distintos problemas psicológicos y emocionales, los cuales pueden afectar de sobre manera a los niños y adolescentes, se necesita de algo más que solo comprarles ropa o invitarlos a almorzar, estos pequeños quieren escuchar historias, palabras de aliento, hasta la asistencia a una reunión de su colegio o simplemente una pregunta como: ¿Hijo, como estuvo tu día?, o ¿Necesitas ayuda en tu tarea?.

Es cierto que parte del desarrollo de los niños consiste en independizarse y saberse defender de la sociedad, pero solos no van a aprender cómo hacerlo, por tanto, se necesita de una figura mayor para aprender de que manera crecer y establecerse en una sociedad.

Hogares donde los padres se preocupan por sus hijos son aquellos futuros adultos quienes cambiarán el planeta, pero donde los niños no reciben ningún tipo de atención, son quienes la sociedad destruirá o ellos acabarán con esta.

“Soy padre”, “lo tiene todo”, “ no necesita de mi ayuda”,

Adultos ignorantes e indiferentes son los que esta sociedad no necesita, ni quiere, estos tienen la mentalidad de “Soy padre”, “lo tiene todo”, “ no necesita de mi ayuda”, esas personas no sirven para criar y formar a las personas del mañana; aquellos padres que no le ven importancia a la relación de confianza y comunicación con sus hijos, son estos quienes alguna vez sus mismo padres abandonaron , porque nunca estuvieron emocionalmente al lado, o jamás los escucharon y a pesar de que salieron adelante y formaron una familia, no encontraron su felicidad y en su vida actual no saben como actuar con sus hijos y se resignan a criarlos de la misma manera que fueron educados.

“Un adolescente desorientado es demasiado moldeable e influenciable”

Niños (menores de 12 años) no detallan ni sienten un desinterés de sus mayores hacia ellos, porque es fácil hacerles creer a los niños que un amor se gana con regalos o cosas materiales, y los niños son “felices” con estas cosas regaladas, además ellos no tienen problemas para hablar y un consejo que recibir, pero el problema realmente se evidencia cuando los infantes pasan a una nueva etapa donde necesitan de un tiempo casi completo para ser escuchados, la adolescencia, este, un escalón crítico para todo ser humano, ya que este adolescente desorientado es demasiado moldeable e influenciable con cualquier cosa que ve y capta su atención o recibe palabras de gente igual de inexperta a él/ella, por tanto es de suma importancia que los adultos acompañen en su totalidad en toda la fase al joven para evitar consecuencias como lo son, el suicidio, bajas calificaciones, rebeldía hasta algo extremo como lo es el descontrol total del padre hacia su hijo, donde ya no existe vuelta atrás.

La única solución es demostrar que un llamado de atención o fuerte regaño, no es porque sí, su razón es hacerles ver que están haciendo algo mal y principalmente manifestar la preocupación y el amor que sienten por ellos.

Esos padres que no fueron formados de la mejor manera y aun así hacen lo posible para cambiar el destino de sus hijos, son aquellos verdaderos que aman, que quieren un mundo mejor. En pocas palabras se debe fortalecer la comunicación y confianza de padres a hijos para de esta manera, criarlos y prepararlos para la sociedad y evitar que esta se los consuma hasta no encontrar salida. 

Por Aleja Parra M.

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¿Qué pasa cuando la Neuroeducación es puesta en marcha?.

Continuando con el proceso de transformación, los invito a ver los maravillosos resultados al transformar lo procesos tradicionales de la Educación, y como muestra de éstos, se creo el  #Pet Friendly SAM Day 2019 , del Colegio Santa Angela Merici, institución donde venimos desarrollando estrategias desde hace 3 años y que hoy en día nos permite disfrutar de estos resultados tan maravillosos. 

Noticias Caracol . Mascotas y NeuroEducación

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Cuando somos padres y nos enfrentamos a la etapa de preadolescencia y/o adolescencia de nuestros hijos, en la gran mayoría de veces empezamos a pensar en nuestros propios modelos de crianza o a compararnos con otros padres para “ver” que están haciendo diferente ellos. Si bien estamos inmersos en esos supuestos de crianza, no siempre nos convencemos de que es bueno o que nos funciona a nosotros para la formación de nuestros hijos.

Antes de compartir mis experiencias, quiero que pienses un poco en la evolución de lo que hemos conocido como “crianza”. Al devolvernos a los inicios de la humanidad los primeros padres en su condición de “animales”, fueron adaptándose a las condiciones cambiantes y transmitieron sus vivencias a sus hijos. Si comparamos estos modelos “evolutivos” nos permiten tener un panorama tan diciente y es que realmente nosotros como especie evolucionamos pero nuestros modelos de transferencia de conocimientos o valores siguen estando ligados a la forma como nos “criaron” y la adquisición de nuevos roles “revolucionarios”, don expresiones como “Si a mí no me dejaban yo si voy a dejar a mis hijos”, o la expresión más impactante y que escucho con mucha frecuencia, “Yo dejo que mis hijos lo hagan en la casa porque si no, se van a hacerlo a otro lado” pensando que no importa que sus acciones estén mal, sino que lo hagan frente a nosotros para “tenerlos bajo control”.

Hoy en día la “guerra” entre padres y adolescentes está más generaliza debido al cambio tan abrupto que hicimos los que nacimos entre los 70´s y 80´s los cuales conscientemente promovimos la “libertad” o como dice nuestra constitución, “El libre desarrollo de la personalidad” e hizo que nuestros hijos y la sociedad en general perdiera de manera significativa el respeto a los principios, a los valores y sobre todo a la verdadera crianza que no es más allá que el buen ejemplo para formar.

Sin ser concluyente, el análisis que hacemos junto a los educadores durante los talleres en las instituciones educativas  basados en el día a día de nuestros chicos, vemos con preocupación que ya es tan “normal”, propender que la educación se haya vuelto parte de los modelos de aprendizaje de los colegios y que se esté responsabilizando a los educadores de una función que por naturaleza debería ser de los padres debido a su ausencia.

El comienzo de todo esto tiene el mismo origen y es la familia, primero debemos reconocernos como personas e identificar que muchas de las consecuencias de nuestros actos están o estarán ligadas a los actos de nuestros hijos. Y en esto quiero hacer mucho énfasis ya que lo primero que resalto es que a buena parte de los padres les cuesta reconocer que se equivocan al creerse “perfectos” y que sus hijos son felices como están y la realidad es que cuando me siento a hablar con los chicos me encuentro con muchos vacíos generados por falta de comunicación o por comunicación fraccionada.

Hoy te invito a reflexionar o comprender que no se trata de blanco o negro, es decir que no es ni la tiranía ni la permisividad, debemos pensar que entre el negro y el blanco están los grises y hay muchos tonos los cuales dependiendo de nuestra condición debemos aprender a interpretar cual de esos tonos es el más adecuado para cada situación.

Hablar de aconsejar, de conducir, de educar, de guiar, no es más que hacer que nuestro amor por nuestros hijos nos lleve a tomar las mejores decisiones siempre. No podemos garantizar que los estemos conduciendo donde queremos, sin embargo sí podemos hacer que desarrollen carácter para que sepan que es correcto sin pasar por encima de los demás.

Sin ser irrespetuoso, es muy poco inteligente pretender que un adolescente sea el único responsable de construir su vida presente y futura o que todo lo hagan o decidan sus padres por él, cuando la realidad y la sociedad nos demuestra que entre más solos están nuestros hijos o que todo se lo hagan sus padres hace que tengan más riesgos y menos capacidad de decisión. Los dos caminos conducen al mismo resultado, chicos vulnerables, débiles y manipulables.

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Cuantas veces nos hemos preguntado, ¿lo estoy haciendo bien?, ¿en qué estoy fallando como padre?, ¿Qué pasa con mi(s) hijo(s)?, y por más que lo deseemos o queramos las respuestas no son tan fáciles de obtener, y hasta llegamos a desear que existiera algún manual para ser padres, y la realidad es que no existe y mucho menos uno específico para el binomio Padre-Hijo. Es por esto que cada quien acumula su propia experiencia con el transcurrir de los días y teniendo en cuenta su propio ambiente y las condiciones en las que nos convertimos en padres. Tanto el tiempo como las experiencias son las únicas que nos van formando y hacen que tomemos conciencia de nuestro papel y nuestra responsabilidad sobre la formación de nuestros hijos.

Seguramente con el acceso a Internet, serán muchas las consultas y respuestas de infinidad de expertos en crianza infantil unos con los modelos “antiguos” enfrentados a los modelos “actuales” y hoy sin entrar en detalles mayores y/o controversias, lo único realmente importe es la crianza y la salud emocional que debemos dar a nuestros hijos.

1. No expresar nuestras emociones frente a ellos.

Si nos cuesta decirles te amo, te quiero, eres importante, como podemos pretender que nuestros hijos se sientan importantes para nosotros; No se trata de repetir palabras, se trata de hacerles ver que somos humanos, que podemos sentir, que si estamos tristes, adoloridos, acongojados también es muy bueno hacerlos participes de nuestras emociones. Que si tenemos que llorar frente a ellos lo hagamos con naturalidad y que nosotros también necesitamos de una abrazo reparador y que ellos nos lo pueden dar.

No hay excusas, ni ataduras que nos impidan expresar las emociones. Ellos aprenden muchas veces de lo que ven, no de lo que les decimos. “Nunca salgas de casa o te acuestes sin decirles palabras de valor a tus hijos”.

2. “Recompensar” sus acciones solamente con objetos materiales

Sin entrar en debates, este comportamiento es muy común en aquellos padres que pasan mucho tiempo fuera y tratan de “compensar“ su ausencia con objetos, u otro tipo de costosos artículos. Y más aún si en su niñez, vivieron bajo carencias materiales y tienen es su esencia la famosa frase, “Lo que yo no tuve, se lo doy a mis hijos”.

Esto hace que nuestros hijos aprendan a “medir” el afecto de las personas por las cosas materiales que reciben y no por sus propios méritos y/o emociones de tal manera que a medida que van creciendo van tomando las relaciones personales de todo tipo basadas en el materialismo y de lo que esperan recibir. ¿Y qué pasaría si perdemos todo lo material? “La recompensa debe ser por méritos, que sea una mezcla de emociones, expresiones, motivaciones y no solo objetos materiales”

3. Ser el ‘amigo’ y dejar de ser padre.

Recordemos que para el común de las personas, en la primera infancia y/o adolescencia la palabra amigo es el mejor sinónimo de “alcahuete”, así que no podemos caer en el error, de pensar que siendo “amigos” podemos demostrarles empatía a nuestros hijos. Y sin ser abusivo, permíteme recordarte que la verdadera responsabilidad es ser un padre ejemplar. 

Puedo comentar que el respeto se pierde casi por completo con este comportamiento, la “camaradería” hace que se pierda nuestro trabajo fundamental como padres, se pierden los límites de autoridad y después se sale de control la relación. ”Somos padres y nuestra única responsabilidad es su formación integral”

4. Nuestros hijos no tienen la misma perspectiva o visión que los adultos.

Aunque nos cueste admitirlo, esto pasa con más frecuencia de lo que creemos. Somos muy diferentes, ellos siempre serán menores que nosotros, lo que hace que razonen muy distinto ya que carecen de las herramientas o vivencias suficientes para analizar las situaciones a profundidad, o como nosotros lo deberíamos hacer. Es por esto que debemos ponernos en su lugar para analizar los contextos en los que se presentan sus vivencias, esto hace que podamos comprender su vida de una mejor manera.

Como adultos estamos llenos de prejuicios que influyen directamente en nuestra forma de ver la realidad. No temas preguntarle de frente sobre su opinión o apreciación. Eso es mejor y más productivo que solamente “asumir” su posición de manera errada.

5. Compararlos con otras personas

Es que tienes que ser mejor qué…, no vas a hacer lo mismo que… Algo que hacemos con frecuencia ya que por lo general venimos programados mentalmente (PNL) así por nuestros padres. Y recordemos que cada uno de nosotros tiene su propio ritmo, y más siendo niños y se acentúan las emociones cuando nuestros padres caen en este tipo de comportamiento. Seamos realistas, a nadie le gusta que le comparen con alguien más, entonces pongámonos en los zapatos de nuestros hijos y recordemos que a nosotros eso nos dolía así fuera que nuestros padres nos compararan con nuestros hermanos.

Ojo, esto es una fuente para promover problemas de autoestima que durante la adolescencia son alimentados desde la misma infancia.

6. No facilitar la comunicación o Negarles el derecho de ser escuchados

No tengo tiempo, cállate, luego hablamos, estoy trabajando, eso son bobadas, madura ya. Todas esas respuestas que generan un ambiente hostil y barreras en la comunicación taladrando en sus cabezas mensajes negativos y promueven el aislamiento progresivo. Lo mejor es crear espacios de comunicación, por ejemplo sentarse todas las noches durante un tiempo determinado a hablar de las vivencias del día. La comunicación es la única manera en la que podrás entenderte con tu hijo y consolidar un verdadero vínculo afectivo. Esto promueve la baja autoestima, se acostumbran a una actitud sumisa y desvalorar sus pensamientos o a sentirse “poca cosa”.

7. Gritarles con frecuencia

De esas frases de valor que dejaron nuestros abuelos rescato la que dice “No es lo que se dice, sino cómo se dice” y esto toma mucha importancia en las conversaciones con nuestros hijos, La modulación de nuestra voz acentúa lo que sentimos y hace que sea recibido nuestro mensaje de forma más representativa. Esto es algo difícil de controlar, y más cuando estamos exaltados por algún comportamiento o vivencias de nuestros hijos y solemos levantar la voz más de la cuenta, pero debemos esforzarnos por no perder la paciencia demasiado rápido y menos que se vuelva una actitud repetitiva que hará que nuestros hijos ignoren nuestras palabras posteriormente.

8. Meter a nuestros hijos en caja de cristal, sobreprotección.

Cuando nuestros miedos a la sociedad y a toda la maldad que vemos a diario se vuelve una obsesión hace que caigamos en el error de “encerrar” a nuestros hijos de tal forma que hacemos todo por ellos, tomamos decisiones y no les permitimos generar carácter y poder de decisión. La sobreprotección no permite el desarrollo de personalidades fuertes con carácter, por lo contrario volvemos a nuestros hijos frágiles e indecisos. Es necesario que nuestros hijos puedan experimentar con el mundo que los rodea, interactuar y aprender a decidir por su propia cuenta bajo nuestra supervisión y constante comunicación.

9. Hacer todo por ellos.

Es importante que nuestros hijos desarrollen las diferentes habilidades en su correspondiente edad, como por ejemplo hacerles las tareas desde primera infancia no permite el desarrollo de la motricidad, la identificación de texturas, colores y procesos básicos como orientación espacial. Esta práctica es tan, pero tan común que empieza en los cuidadores y en los padres para “ahorrar” tiempo para hacer otras cosas. Por lo general los padres trabajan y tiene muy poco tiempo para el acompañamiento de las tareas escolares. Adicional a esto, sumamos nuestros miedos a dejarlos manipular objetos que les puedan “hacer daño” lo que genera que no aprendan a usar herramientas útiles para el resto de sus vidas.

10. No asignar ninguna responsabilidad en el hogar.

No porque sean pequeños quiere decir que no puedan hacer nada en el hogar, cosas básicas como organizar sus juguetes, acomodar su ropa y mantener en orden su espacio hacen que se desarrollen hábitos para su futuro. Es nuestra responsabilidad enseñar y ejemplarizar para educar. Es importante que a medida que vayan creciendo vayamos aumentando las tareas en nuestro hogar. No podemos fomentar la holgazanería y la pereza. Siempre hay tareas sencillas que podemos delegar sobre sus hombros, esto hará que se sientan útiles e importantes para toda la familia.

Recuerda que como padres estamos en la obligación de educar, y la mejor forma de hacerlo es con el ejemplo. No hagas que tus miedos, sean sus miedos, nuestros hijos merecen crecer bajo su propia experiencia, no bajo nuestras vivencias y mucho menos bajo nuestro temor. Acompáñalos desde el amor, ayúdales a soñar y a construir sus propias vidas.

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Para ambientar este post, quiero compartir este momento que me llevó a reflexionar; durante un taller de padres; una madre preocupada me preguntó sobre la forma en la que debería actuar para poner límites a sus hijos ya que Ella sentía que no lo “estaba haciendo bien”.

Quiero iniciar compartiendo que soy padre y tomo como base mi propia experiencia y la de otros padres con los que he compartido durante mi vida y en especial en los talleres que vengo realizando y/o participado.

¿Qué es un límite y/o como podemos establecerlo?

Consultando la definición de límite en la RAE me quedo con la definición: “Extremo que pueden alcanzar lo físico y lo anímico. Llegó al límite de sus fuerzas” para empezar a entender el origen de nuestra preocupación como padres durante el proceso de crianza de nuestros hijos.

Si analizamos la realidad, y al consultar a varios padres de familia, muchos de éstos ven los límites como algo negativo porque piensan que al establecerlos, “están haciendo lo mismo que muy seguramente hicieron sus padres con ellos” y así no tienen en cuenta la opinión de sus hijos, considerando que se están vulnerando sus derechos de “libre desarrollo de la personalidad”. Y la verdad es que los límites no se imponen, se enseñan. Padres, establecer límites no es imponer voluntades, no es que te enfades con tus hijos, sino que entiendas que junto a ellos se deben aprender

Nuestra labor como padres no es otra que educar y por esta misma razón es que debemos aprender todo el tiempo y adaptarnos a cada hijo, a cada situación y a cada emoción; nuestros hijos van creciendo y con cada experiencia es una responsabilidad de nuestra parte adaptarnos para ayudarles a crecer. Educar también significa que nuestros comportamientos o decisiones, tendrán consecuencias, tanto nuestros hijos como nosotros debemos aprender que habrá que aceptar y corregir todo el tiempo.

¿Cuándo es tiempo para decir un “NO”?

Dentro de nuestra labor de educar, más de una vez, decimos y tendremos que decir “no” a cosas que consideramos que “no se pueden o deben”; unas veces sólo como proceso de educar a nuestros hijos y en su gran mayoría porque basados en nuestra experiencia consideramos que este “NO” podrá enseñar a nuestros hijos que no todas las veces se consiguen las cosas en el momento que uno quiere. Ahora bien, esto no quiere decir que debamos usar la fuerza verbal (gritos) para que aprendan, sino que debemos usar una comunicación asertiva y mostrarles con claridad lo que deseas transmitirle. Recomendación: Evita caer en la tentación de amenazarlos y menos con cosas que nunca vamos a cumplir. Y la lección para ti como padre es que debes cumplir lo que prometes y/o manifiestes a tus hijos, recuerda que también tienes tus responsabilidades y una de ellas es cumplir lo que dices. 

¿Existen riesgos al criar a nuestros hijos sin límites?

Como la crianza de nuestros hijos es un proceso que no para nunca, en ocasiones, muy seguramente dudas o por el miedo lleguemos a pensar que los límites puede llegar a jugarnos malas pasadas, y la verdad es que sin ellos o cuando son “impuestos por voluntad y sin alguna razón” pueden llegar a jugar en nuestra contra. Lo importante en todos los casos es basarnos en nuestro amor y que cada decisión o límite que enseñemos nos haga sentir tranquilos. Aun así habrá días de dudas, de preguntas tales como, ¿Estará bien lo que estoy haciendo?, ¿Es correcta esta decisión?, ¿Será que me estoy equivocando?, ¿Mis padres hacían lo mismo y no quiero eso para mis hijos?…

Veamos unos ejemplos prácticos

Seguramente nos habrá pasado en un par de ocasiones que nuestros hijos nos “hacen quedar mal” con las famosas “pataletas”, que no son más que una forma de manipulación para conseguir lo que queremos. Y digo queremos porque aun de adultos en ocasiones, lo hacemos en menor medida pero con el mismo objetivo. Un claro ejemplo es cuando salimos con nuestros hijos a compartir tiempo y estando en lugares públicos nos hacen algún tipo de pedido, como un helado, una gaseosa, una golosina, un chocolate, un juguete… y la lista seguiría con todo lo que nuestros hijos quieren pedir. Si es un momento adecuado muy seguramente compartiremos su petición, y si no es el momento adecuado, seguramente diremos que “NO”, momento en el cual recibiremos a cambio una pataleta con llanto y gritos, lo que nos hará sentir vergüenza y si no tenemos el carácter suficiente y la adecuada comunicación, terminaremos accediendo a su petición para liberarnos de la vergüenza pública de una pataleta o rabieta, eso pensando en un lugar público, pero la realidad es que la manipulación también aplica en nuestra casa y más cuando no les prestamos la debida atención y sus pataletas o rabietas serán aún mayores.

¿Existen consecuencias en su formación si no ponemos límites?

Aunque se han documentado varios experimentos, la primera conclusión es que para nosotros como padres es “fácil”, ceder ante estos “caprichos” para “liberarnos” de sus pataletas y en realidad estamos promoviendo dichas conductas que se van a replicar en los ambientes escolares y posteriormente en sus vidas como adolescentes y como adultos. Es muy importante mencionarles que permitir dichas conductas generan a futuro que nuestros hijos hagan lo que sea necesario, sin importar que esté bien o no, que incluso le hagan daño a otras personas por conseguir lo que desean ya que no aprendieron a manejar la frustración o a aceptar que no siempre se puede obtener de forma inmediata las cosas o los deseos.

Como responsables de la educación estamos en el deber, de enseñar límites a nuestros hijos; Estos ayudan a que nuestros hijos aprendan a tolerar, a manejar la frustración, a autocontrolarce, a cumplir normas y sobre todo a que no se pueden obtener las cosas, solo con pedirlas. Otros de los elementos a tener en cuenta que es lo que genera no enseñarles límites, no se desarrollan otras habilidades como son: Paciencia, Constancia, Disciplina, Esfuerzo, Colaboración y promueve las conductas agresivas, aislamiento, represión, maltrato entre otras.

Para concluir, no podemos delegar la educación de nuestros hijos a los colegios, no es posible que responsabilicemos a terceros de nuestras funciones como verdaderos padres y en especial en lo correspondiente a generar conductas de autoestima y autorregulación.

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Para llegar a su definición es necesario partir de su base, es decir la Neurociencia, que es definida por la RAE como la “ciencia que se ocupa del sistema nervioso o de cada uno de sus diversos aspectos y funciones especializadas”.

Así las cosas, la Neuroeducación es una visión, técnica, forma o manera de enseñar que se basa en el uso de estrategias centradas en el funcionamiento del cerebro.

Si bien es una “nueva” forma de educar, realmente se trata de incorporar los conocimientos de la Neurociencia, psicología y educación, con el fin de establecer como objetivo principal la optimización del proceso de enseñanza y aprendizaje.

Lo primero que quiero resaltar es que la Neuroeducación cambia la forma en la que los niños “estudian y/o aprenden

La Neuroeducación también puede ser considerada como una disciplina que interconecta la neurología con la educación, así como la psicología educativa como factor importante.

Llevando esto a la práctica, se trata de generar proyectos o estrategias en las que los conocimientos se basen en cómo funciona el cerebro, trasladando el aprendizaje a las bases fundamentales del ser.

En ese sentido, podemos integrar todos los elementos de la comunidad educativa para emerger dinámicamente en la sabiduría, que no es otra cosa que llevar todo el conocimiento a la vida misma. De manera que, tanto la psicología, la ciencia cognitiva y la educación puedan mejorar los métodos de enseñanza y los programas o procesos escolares.

Los elementos más relevantes de la Neuroeducación.

La repetición no genera aprendizaje: no acudir a los métodos de memorizar las cosas, sino a la experiencia unida directamente a las emociones. Mientras más conectado esté el aprendizaje con las emociones, más sólido y duradero es el conocimiento.

Buscar clases amenas: mediante el uso de herramientas emocionales como anécdotas, sorpresas, imaginación y conversaciones agradables se genera una buena forma de promover aprendizajes. Bajo estos escenarios en ambientes productivos, se aumentan las conexiones entre las diferentes áreas del cerebro, lo que favorece la fijación de nuevos conocimientos.

Impulsar y promover la creatividad: elegir actividades que tengan un origen artístico, éstas ayudan a disminuir las tensiones y mejoran la concentración. Dentro de los ejemplos podemos mencionar algunas como incluir música, pintura y escritura, todas ellas con magníficos resultados.

El ejercicio constante: es un muy buen aliado de la plasticidad cerebral, ya que permite aumentar las conexiones dentro del cerebro, activando a su vez la capacidad para adquirir habilidades y mejorar las ya existentes. Un cerebro bien oxigenado permite además recordar, memorizar y asociar ideas de una mejor manera.

Descansar, dormir lo suficiente: el descanso siempre es favorable para toda nuestra salud en general, y en los procesos de aprendizaje favorece la estimulación del cerebro para aumentar la capacidad de retener, conceptualizar y abstraer

Divertirse y reír : los estados de alegría aumentan nuestros niveles de encimas en el cerebro, generando nuevas conexiones que aumentan la capacidad de recepción y asociación de las emociones, así como el conocimiento.

El juego los niños siempre buscan en los juegos una manera de aprender. Durante el desarrollo de nuestras vidas deberíamos estimular también dicho proceso siendo éste uno de los principales soportes de un buen aprendizaje. Al combinar la diversión con retos, movimiento e interacción social logramos estimular áreas cerebrales implicadas en el aprendizaje.

Conclusión :  “La Neuroeducación optimiza el proceso de enseñanza y aprendizaje transformando el conocimiento en sabiduría aplicada a la vida diaria desde la emoción”

Para vivir el éxito que representa la NeuroEducación,  puedes leer esta entrevista que nos realizaron en el Diario El Tiempo “Neuroeducación, la apuesta del colegio Santa Ángela Merici” Se destaca por sus puntajes en pruebas nacionales y por clases que dictan a máximo 30 estudiantes. – “A comienzos de este año, Yezid Parra estuvo dictándoles una clase de barreras comunicativas entre estudiantes y profesores a los docentes de la institución, pues la idea es que, como padres, también participen en las actividades del colegio”.

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A comienzos de este año, Yezid Parra estuvo dictándoles una clase de “barreras comunicativas entre estudiantes y profesores a los docentes de la institución”, pues la idea es que, como padres, también participen en las actividades del colegio.

“Siempre tenemos las puertas abiertas, y esto facilita la integración entre papás e hijos. Mi hija toda su vida ha estudiado aquí, y hoy, por ejemplo, no deja de hablarme de la importancia de reciclar, de cuidar el medioambiente, y se comporta de manera muy respetuosa en cualquier espacio en el que está. Eso es lo que me gusta, que los forman como buenas personas”, señaló Parra.

Nota completa para Diario El Tiempo 

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