Top 10 de los errores más frecuentes en la crianza de nuestros hijos - Yezid Parra C. -DespiertaNET-

Top 10 de los errores más frecuentes en la crianza de nuestros hijos

Cuantas veces nos hemos preguntado, ¿lo estoy haciendo bien?, ¿en qué estoy fallando como padre?, ¿Qué pasa con mi(s) hijo(s)?, y por más que lo deseemos o queramos las respuestas no son tan fáciles de obtener, y hasta llegamos a desear que existiera algún manual para ser padres, y la realidad es que no existe y mucho menos uno específico para el binomio Padre-Hijo. Es por esto que cada quien acumula su propia experiencia con el transcurrir de los días y teniendo en cuenta su propio ambiente y las condiciones en las que nos convertimos en padres. Tanto el tiempo como las experiencias son las únicas que nos van formando y hacen que tomemos conciencia de nuestro papel y nuestra responsabilidad sobre la formación de nuestros hijos.

Seguramente con el acceso a Internet, serán muchas las consultas y respuestas de infinidad de expertos en crianza infantil unos con los modelos “antiguos” enfrentados a los modelos “actuales” y hoy sin entrar en detalles mayores y/o controversias, lo único realmente importe es la crianza y la salud emocional que debemos dar a nuestros hijos.

1. No expresar nuestras emociones frente a ellos.

Si nos cuesta decirles te amo, te quiero, eres importante, como podemos pretender que nuestros hijos se sientan importantes para nosotros; No se trata de repetir palabras, se trata de hacerles ver que somos humanos, que podemos sentir, que si estamos tristes, adoloridos, acongojados también es muy bueno hacerlos participes de nuestras emociones. Que si tenemos que llorar frente a ellos lo hagamos con naturalidad y que nosotros también necesitamos de una abrazo reparador y que ellos nos lo pueden dar.

No hay excusas, ni ataduras que nos impidan expresar las emociones. Ellos aprenden muchas veces de lo que ven, no de lo que les decimos. “Nunca salgas de casa o te acuestes sin decirles palabras de valor a tus hijos”.

2. “Recompensar” sus acciones solamente con objetos materiales

Sin entrar en debates, este comportamiento es muy común en aquellos padres que pasan mucho tiempo fuera y tratan de “compensar“ su ausencia con objetos, u otro tipo de costosos artículos. Y más aún si en su niñez, vivieron bajo carencias materiales y tienen es su esencia la famosa frase, “Lo que yo no tuve, se lo doy a mis hijos”.

Esto hace que nuestros hijos aprendan a “medir” el afecto de las personas por las cosas materiales que reciben y no por sus propios méritos y/o emociones de tal manera que a medida que van creciendo van tomando las relaciones personales de todo tipo basadas en el materialismo y de lo que esperan recibir. ¿Y qué pasaría si perdemos todo lo material? “La recompensa debe ser por méritos, que sea una mezcla de emociones, expresiones, motivaciones y no solo objetos materiales”

3. Ser el ‘amigo’ y dejar de ser padre.

Recordemos que para el común de las personas, en la primera infancia y/o adolescencia la palabra amigo es el mejor sinónimo de “alcahuete”, así que no podemos caer en el error, de pensar que siendo “amigos” podemos demostrarles empatía a nuestros hijos. Y sin ser abusivo, permíteme recordarte que la verdadera responsabilidad es ser un padre ejemplar. 

Puedo comentar que el respeto se pierde casi por completo con este comportamiento, la “camaradería” hace que se pierda nuestro trabajo fundamental como padres, se pierden los límites de autoridad y después se sale de control la relación. ”Somos padres y nuestra única responsabilidad es su formación integral”

4. Nuestros hijos no tienen la misma perspectiva o visión que los adultos.

Aunque nos cueste admitirlo, esto pasa con más frecuencia de lo que creemos. Somos muy diferentes, ellos siempre serán menores que nosotros, lo que hace que razonen muy distinto ya que carecen de las herramientas o vivencias suficientes para analizar las situaciones a profundidad, o como nosotros lo deberíamos hacer. Es por esto que debemos ponernos en su lugar para analizar los contextos en los que se presentan sus vivencias, esto hace que podamos comprender su vida de una mejor manera.

Como adultos estamos llenos de prejuicios que influyen directamente en nuestra forma de ver la realidad. No temas preguntarle de frente sobre su opinión o apreciación. Eso es mejor y más productivo que solamente “asumir” su posición de manera errada.

5. Compararlos con otras personas

Es que tienes que ser mejor qué…, no vas a hacer lo mismo que… Algo que hacemos con frecuencia ya que por lo general venimos programados mentalmente (PNL) así por nuestros padres. Y recordemos que cada uno de nosotros tiene su propio ritmo, y más siendo niños y se acentúan las emociones cuando nuestros padres caen en este tipo de comportamiento. Seamos realistas, a nadie le gusta que le comparen con alguien más, entonces pongámonos en los zapatos de nuestros hijos y recordemos que a nosotros eso nos dolía así fuera que nuestros padres nos compararan con nuestros hermanos.

Ojo, esto es una fuente para promover problemas de autoestima que durante la adolescencia son alimentados desde la misma infancia.

6. No facilitar la comunicación o Negarles el derecho de ser escuchados

No tengo tiempo, cállate, luego hablamos, estoy trabajando, eso son bobadas, madura ya. Todas esas respuestas que generan un ambiente hostil y barreras en la comunicación taladrando en sus cabezas mensajes negativos y promueven el aislamiento progresivo. Lo mejor es crear espacios de comunicación, por ejemplo sentarse todas las noches durante un tiempo determinado a hablar de las vivencias del día. La comunicación es la única manera en la que podrás entenderte con tu hijo y consolidar un verdadero vínculo afectivo. Esto promueve la baja autoestima, se acostumbran a una actitud sumisa y desvalorar sus pensamientos o a sentirse “poca cosa”.

7. Gritarles con frecuencia

De esas frases de valor que dejaron nuestros abuelos rescato la que dice “No es lo que se dice, sino cómo se dice” y esto toma mucha importancia en las conversaciones con nuestros hijos, La modulación de nuestra voz acentúa lo que sentimos y hace que sea recibido nuestro mensaje de forma más representativa. Esto es algo difícil de controlar, y más cuando estamos exaltados por algún comportamiento o vivencias de nuestros hijos y solemos levantar la voz más de la cuenta, pero debemos esforzarnos por no perder la paciencia demasiado rápido y menos que se vuelva una actitud repetitiva que hará que nuestros hijos ignoren nuestras palabras posteriormente.

8. Meter a nuestros hijos en caja de cristal, sobreprotección.

Cuando nuestros miedos a la sociedad y a toda la maldad que vemos a diario se vuelve una obsesión hace que caigamos en el error de “encerrar” a nuestros hijos de tal forma que hacemos todo por ellos, tomamos decisiones y no les permitimos generar carácter y poder de decisión. La sobreprotección no permite el desarrollo de personalidades fuertes con carácter, por lo contrario volvemos a nuestros hijos frágiles e indecisos. Es necesario que nuestros hijos puedan experimentar con el mundo que los rodea, interactuar y aprender a decidir por su propia cuenta bajo nuestra supervisión y constante comunicación.

9. Hacer todo por ellos.

Es importante que nuestros hijos desarrollen las diferentes habilidades en su correspondiente edad, como por ejemplo hacerles las tareas desde primera infancia no permite el desarrollo de la motricidad, la identificación de texturas, colores y procesos básicos como orientación espacial. Esta práctica es tan, pero tan común que empieza en los cuidadores y en los padres para “ahorrar” tiempo para hacer otras cosas. Por lo general los padres trabajan y tiene muy poco tiempo para el acompañamiento de las tareas escolares. Adicional a esto, sumamos nuestros miedos a dejarlos manipular objetos que les puedan “hacer daño” lo que genera que no aprendan a usar herramientas útiles para el resto de sus vidas.

10. No asignar ninguna responsabilidad en el hogar.

No porque sean pequeños quiere decir que no puedan hacer nada en el hogar, cosas básicas como organizar sus juguetes, acomodar su ropa y mantener en orden su espacio hacen que se desarrollen hábitos para su futuro. Es nuestra responsabilidad enseñar y ejemplarizar para educar. Es importante que a medida que vayan creciendo vayamos aumentando las tareas en nuestro hogar. No podemos fomentar la holgazanería y la pereza. Siempre hay tareas sencillas que podemos delegar sobre sus hombros, esto hará que se sientan útiles e importantes para toda la familia.

Recuerda que como padres estamos en la obligación de educar, y la mejor forma de hacerlo es con el ejemplo. No hagas que tus miedos, sean sus miedos, nuestros hijos merecen crecer bajo su propia experiencia, no bajo nuestras vivencias y mucho menos bajo nuestro temor. Acompáñalos desde el amor, ayúdales a soñar y a construir sus propias vidas.

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